Definitivamente tiene algo especial el momento en que miras el reloj y ves que marca las 22:02. En que pulsas ventana/flecha arriba/enter/enter en la mierda de ordenador que tienes en el trabajo. En que te levantas de un salto, vas al perchero donde colgaste la mochila y comienzas a atravesar el pasillo con esa sensación pesada de que es un momento especial. Hasta cuando te despides lo haces con una sonoridad inusitada, aprietas más fuerte las manos, besas con más violencia, todo ello con una sonrisa inmensa, agresiva...
¡¡ESTOY DE VACACIONES!!
Siento volver sobre el tema, pero esta vez lo hago obligado. Otto y la guionista me han dicho que me tenía que despedir también aquí. Creo que no era más que una excusa para no escribir ellos, sobre todo porque precisamente aquí sí que voy a escribir este verano: son los guiones los que no pienso tocar hasta mediados de agosto.
Despedirme de la guionista ha sido más duro que despedirme de los demás: ella estará de vacaciones cuando yo vuelva. Y eso quiere decir que quizá nos veremos en septiembre. Ese inquietante quizá depende de si para entonces ya se ha cogido la baja o no. Si se la ha cogido... prácticamente la veré ya con Álex en brazos. Sólo de pensarlo me da un poco de vértigo y todo. En fin, que añado más besos a los que le he dado al despedirme, que me han sabido a poco. Y más caricias en la barrigota, claro.
En fin, por fin llegaron las vacaciones y, dentro de poco, incluso viajaremos. Si en algo coincido con mis compañeros de blog es que valía la pena intentar contagiar un poco este tipo de alegría.
Sólo me preocupa una cosa. Si no los tengo delante, ¿cómo presionaré a la guionista y los mababos para que escriban? ¿vía email? Oh, tendré que inventar algo, definitivamente.
Mababo Fritz